Baños de Bosque

Vivimos deprisa. Pasamos muchas horas entre pantallas, obligaciones, ruido y pensamientos que parecen no detenerse nunca. Incluso cuando salimos a la naturaleza, a veces nuestro cuerpo está allí pero nuestra cabeza continúa en otro sitio.

Los baños de bosque nos invitan a hacer algo muy sencillo: bajar el ritmo y volver a prestar atención.
Caminar sin prisa. Escuchar. Mirar. Sentir el aire. Descubrir un olor, una textura o un sonido que normalmente habría pasado desapercibido.
Durante un rato no hay nada que conseguir. Solo estar.

El término shinrin-yoku nació en Japón en 1982 y suele traducirse como baño de bosque. Con el tiempo, esta forma de acercarse a la naturaleza comenzó también a despertar el interés de investigadores de diferentes países.
Un baño de bosque consiste en pasar tiempo en un entorno natural de una manera tranquila y consciente, utilizando nuestros sentidos para conectar con lo que tenemos alrededor.
Por eso es diferente de hacer senderismo.
Cuando hacemos una ruta normalmente sabemos dónde queremos llegar, cuánto vamos a caminar o qué recorrido queremos completar. En un baño de bosque el destino pierde importancia.
Podemos caminar unos metros y detenernos.
Sentarnos.
Cerrar los ojos y escuchar.
Tocar la corteza de un árbol.
Mirar cómo se mueve una rama con el viento.
La atención deja de estar en hacer y empieza a estar un poco más en sentir y estar presentes.

Algo que durante siglos hemos hecho de manera bastante natural cómo pasar tiempo entre árboles y espacios naturales, comenzó hace algunas décadas a estudiarse también desde la ciencia.
Hoy existen numerosos trabajos sobre baños de bosque, shinrin-yoku y terapia forestal.


Las revisiones científicas han encontrado resultados prometedores relacionados con la reducción del cortisol, principal hormona del estrés, la ansiedad, los síntomas depresivos y la tensión emocional, además de algunos cambios en parámetros como la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
La investigación todavía tiene camino por recorrer. Los estudios utilizan métodos y duraciones diferentes y sabemos mucho más sobre los efectos a corto plazo que sobre lo que ocurre después de meses o años.
Pero el conjunto de la evidencia apunta en una dirección interesante: relacionarnos de forma consciente con entornos naturales puede contribuir a nuestro bienestar físico y emocional.


Una de las cosas bonitas de los baños de bosque es que no necesitas ser deportista, saber meditar ni tener experiencia previa.
Pueden adaptarse a personas de edades y condiciones físicas muy diferentes.
También pueden convertirse en una experiencia preciosa para hacer con niños, ayudándoles a observar, escuchar, tocar y descubrir la naturaleza sin convertir cada salida en una actividad que tenga que estar llena de estímulos.
La investigación sobre infancia ha encontrado una relación positiva entre el contacto con espacios naturales y aspectos como la actividad física y el bienestar cognitivo, emocional y mental.

Para un adulto puede ser simplemente una forma de relajarse, desconectar de las pantallas, aprender a vivir más el momento o recuperar el contacto con la naturaleza.
Puede resultar especialmente agradable cuando llevamos una temporada con mucho trabajo, estrés, cansancio mental o sentimos que necesitamos un poco de espacio.
Y la investigación ha ido todavía más allá.
La terapia forestal también se está estudiando como práctica complementaria en personas con estrés psicológico, síntomas de ansiedad y depresión. Un metaanálisis reciente de 25 estudios y 1.876 participantes encontró reducciones a corto plazo en estrés, ansiedad y síntomas depresivos, aunque los propios investigadores señalan que todavía se necesitan estudios más homogéneos y seguimientos más largos.

Otros trabajos han encontrado igualmente resultados positivos en personas con ansiedad y depresión y en determinadas poblaciones clínicas.
No hace falta, sin embargo, estar pasando por un momento difícil para acercarse al bosque.
También podemos hacerlo simplemente porque nos hace bien salir, respirar otro aire y recordar que nuestra vida no ocurre solamente delante de una pantalla.


No existe una frecuencia exacta para practicar baños de bosque.

Si puedes reservar un momento cada semana para estar en contacto con la naturaleza, puede ser una buena manera de crear un hábito. Si no puedes, hazlo cuando tu vida te lo permita.

No hace falta convertirlo en otra tarea pendiente.
Un baño de bosque puede durar varias horas, pero también podemos empezar con una experiencia mucho más pequeña.
Lo importante es aprender poco a poco otra forma de estar en la naturaleza.

Llegar.
Date unos minutos para cambiar de ritmo y observar dónde estás.

Caminar despacio.
Sin preocuparte demasiado por la distancia o por llegar a algún lugar.

Respira.
Lleva la atención a tu respiración. Coloca una mano sobre el corazón y otra sobre el plexo solar, cierra los ojos e inhala y exhala lentamente al menos tres veces.

Abrir los sentidos.
Escucha. Mira. Huele. Toca. Deja que algo del entorno llame tu atención.

Detenerte.
Busca un lugar agradable y permanece allí un rato. No siempre tenemos que estar haciendo algo. Pero, si te apetece, puedes aprovechar este momento para:

  • escribir o dibujar en tu libreta o diario del bosque tus sensaciones, emociones o aquello que has descubierto durante la experiencia;
  • hacer un pequeño ejercicio para enraizarte o dejar ir pensamientos que ya no necesitas;
  • crear un mandala con pequeños elementos naturales que encuentres en el suelo: hojas caídas, ramitas, piñas o semillas. Puedes hacerlo como una pequeña ofrenda al bosque y dejarlo allí al terminar. Lo que pertenece al bosque, se queda en el bosque.

Cerrar.
Antes de marcharte, observa cómo te sientes y qué te gustaría llevarte de ese momento.
No es necesario que ocurra nada extraordinario. A veces basta con habernos permitido estar realmente allí.


Si después de leer esto quieres conocer mejor los baños de bosque y probarlos por ti misma/o, he preparado una guía gratuita para empezar.

En ella encontrarás una explicación más completa sobre qué son los baños de bosque, cómo acercarte a esta práctica, qué papel tienen los sentidos y algunos de los aspectos que la ciencia está estudiando sobre nuestra relación con la naturaleza.

Y, cuando quieras pasar de la teoría a la experiencia, encontrarás también una propuesta sencilla para realizar tu primer baño de bosque en unos 20–30 minutos, adaptándola al tiempo que tengas y a cómo te apetezca vivir ese momento.

No necesitas experiencia previa ni hacer nada complicado.

Solo encontrar un lugar tranquilo, bajar un poco el ritmo y dejarte acompañar.

La experiencia no tiene por qué terminar cuando sales del bosque.
Dedicar unos minutos a recordar cómo te sentiste, qué llamó tu atención, qué sonidos, imágenes o sensaciones se quedaron contigo puede ayudarte a integrar mejor lo vivido y a reconectar con ese momento después.
Por eso he preparado una ficha gratuita para imprimir y rellenar después de cada baño de bosque.
Puedes descargarla, imprimir varias copias y utilizar una cada vez que hagas la experiencia. Poco a poco irás creando tu propio cuaderno de momentos vividos en la naturaleza, lleno de pequeñas observaciones, sensaciones y recuerdos que quizá de otra forma se perderían con el paso de los días.

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