Simbolismo y Sincronicidades

Hay coincidencias que olvidamos cinco minutos después y otras que, por alguna razón, se quedan con nosotros.

Piensas en alguien a quien no ves desde hace años y ese mismo día recibes un mensaje suyo. Estás atravesando un cambio importante y una misma palabra, imagen o animal comienza a aparecer en momentos diferentes. Abres un libro sin buscar nada concreto y encuentras una frase que parece hablar directamente de aquello que llevabas días pensando.

Puede ser casualidad.

Puede ser nuestro cerebro prestando más atención a algo que ahora nos importa.

O quizá tú prefieras sentir que la vida, el universo o algo que no sabemos explicar del todo acaba de llamar tu atención.

Cuando una coincidencia parece tener un significado especial para nosotros, entramos en el terreno de la sincronicidad.

Y cuando lo que aparece – un animal, una planta, un sueño, una palabra, un elemento de la naturaleza – empieza además a representar algo que va más allá de lo que vemos, entramos en el mundo del simbolismo.

Ambos pueden convertirse en una invitación a parar, observar y preguntarnos qué está sucediendo dentro de nosotros.

El concepto moderno de sincronicidad está asociado al psiquiatra y psicólogo suizo Carl Gustav Jung.

Jung comenzó a trabajar sobre la idea a finales de los años veinte, utilizó públicamente el término en 1930 y posteriormente en el 1952 desarrolló su teoría en Synchronicity: An Acausal Connecting Principle. Para él, una sincronicidad era una coincidencia significativa entre una experiencia interior (un pensamiento, un sueño, una emoción) y un acontecimiento exterior que no parecía estar unido a ella por una relación normal de causa y efecto.

dibujo mujer que se mira en el reflejo del agua

No basta con que dos cosas sucedan al mismo tiempo. Tiene que existir además una conexión de significado para la persona que vive la experiencia.

Imagina que llevas unos días pensando mucho en una antigua amiga y ella te llama.

Quizá esa llamada llega justo cuando estás recordando una etapa de tu vida relacionada con ella, necesitas tomar una decisión o estás intentando comprender algo que ocurrió entonces.

El acontecimiento exterior es el mismo. Lo que cambia es el significado que adquiere para ti.

Las sincronicidades pueden aparecer de formas muy diferentes.

  • Puede ocurrir que pienses intensamente en una persona y poco después te encuentres con ella.
  • Puedes soñar con una determinada imagen y verla al día siguiente en una situación que tiene especial importancia para ti.
  • Una misma palabra, canción, animal o símbolo puede aparecer varias veces durante una etapa concreta.
  • Tal vez llevas días intentando responderte una pregunta y, sin estar buscándolo, escuchas una conversación o encuentras una frase que parece encajar perfectamente con lo que estabas viviendo.
  • O conoces inesperadamente a alguien que termina teniendo relación con un proyecto, una decisión o un cambio que ya estaba ocupando tu mente.

Lo curioso de estas experiencias es que muchas veces provocan la misma reacción: nos hacen detenernos. Y quizá ahí comienza su verdadero valor.

sincronicidad y simbolismo representacion

Desde la ciencia, nuestro cerebro busca patrones y presta más atención a aquello que en ese momento considera importante. Eso puede hacer que algunas coincidencias nos parezcan especialmente significativas.

Desde la psicología, la pregunta no es tanto si la señal viene de fuera, sino por qué ha llamado nuestra atención justo ahora. Puede estar conectada con algo que ya estamos sintiendo, pensando o intentando comprender.

Desde una mirada espiritual, algunas personas viven estas experiencias como señales del universo, mensajes de la vida o formas de intuición.

No hace falta elegir una sola explicación. Lo importante puede estar en detenerse y observar qué ha despertado esa coincidencia en nosotros.

Jung describió tres formas principales:

Coincidencia simultánea.
Un pensamiento, sueño o emoción coincide con algo que ocurre en ese mismo momento. Por ejemplo, pensar intensamente en alguien y recibir una llamada suya.

Coincidencia a distancia.
Una experiencia interior parece coincidir con algo que está ocurriendo en otro lugar y que conocemos más tarde.

Coincidencia anticipatoria.
Un sueño, imagen o intuición parece relacionarse posteriormente con un acontecimiento futuro.

Estas categorías pertenecen a la teoría de Jung y no representan fenómenos demostrados científicamente.

En la vida cotidiana quizá sea más útil preguntarnos simplemente: ¿por qué esta coincidencia me ha llamado tanto la atención y qué me invita a observar?

Cuando algo te parezca una señal, intenta no buscar inmediatamente una respuesta cerrada.
Puedes empezar con preguntas mucho más sencillas:

¿Qué estaba pensando cuando ocurrió?
¿Qué estaba viviendo en ese momento?
¿Qué sentí cuando lo vi?
¿Por qué esto me ha sorprendido y otras cosas no?
¿Me recuerda a alguien o a una etapa de mi vida?
¿Qué significado tiene para mí?
¿Hay alguna pregunta que llevo tiempo evitando?
¿Esta experiencia abre una posibilidad que no estaba considerando?

Una señal puede ser una invitación a observar, no una orden que tengas que obedecer.
Esto es especialmente importante cuando estamos tomando decisiones grandes.
Una coincidencia puede ayudarte a reflexionar. No debería quitarte la capacidad de decidir.
Una sincronicidad puede abrir una pregunta. La respuesta sigue siendo tuya.

sueños y sincronicidad

La palabra sincronicidad es moderna.
La necesidad humana de buscar significado en sueños, coincidencias y acontecimientos naturales tiene miles de años.
En Mesopotamia, especialistas interpretaban fenómenos celestes, animales y otros acontecimientos como presagios. Existen tablillas que muestran sistemas muy elaborados de observación e interpretación de signos.
En el antiguo Egipto se interpretaban también los sueños. El British Museum conserva un manual egipcio de interpretación de sueños de aproximadamente 1220 a. C.
En la Grecia antigua encontramos oráculos, interpretación de sueños, observación del vuelo de las aves y diferentes formas de leer acontecimientos considerados significativos. Las fuentes antiguas distinguían incluso distintas maneras de interpretar señales y formas de adivinación.
No podemos decir que estas culturas hablaran de sincronicidad en el sentido de Jung.
No lo hacían.
Pero sí muestran algo profundamente humano:
desde hace mucho tiempo intentamos comprender si aquello que ocurre a nuestro alrededor puede decirnos algo sobre nuestra propia vida.
Y ahí empezamos a acercarnos al simbolismo.


Una sincronicidad puede llamar nuestra atención por cuándo sucede.
Un símbolo puede hacerlo por lo que representa.
Un símbolo es algo que, además de ser lo que vemos, puede contener otro significado.
Una raíz sigue siendo una raíz, pero puede hacernos pensar también en origen, pertenencia o aquello que nos sostiene.
Un camino es un lugar por el que caminamos, pero puede representar una elección, una dirección o una etapa de nuestra vida.
El mar puede ser simplemente mar y, al mismo tiempo, despertar ideas de profundidad, libertad, miedo, movimiento o inmensidad.
Eso es parte del simbolismo: utilizar imágenes, objetos, seres vivos o acontecimientos para expresar ideas y experiencias que van más allá de su significado literal.

simbolismo representación

Aunque muchas veces aparezcan juntos, conviene diferenciarlos.
Un símbolo es algo al que atribuimos un significado que va más allá de lo que vemos.
Una señal es algo que interpretamos como especialmente relevante para nuestra situación.
Y una sincronicidad es una coincidencia que vivimos como significativa.

Por ejemplo, una mariposa puede ser un símbolo relacionado culturalmente con el cambio o la transformación.
Ver una mariposa no significa automáticamente que hayas recibido una señal.
Pero si aparece de una manera que para ti resulta sorprendente precisamente durante una etapa de cambio, puede formar parte de una experiencia que tú percibas como sincrónica.
El símbolo aporta el significado. La coincidencia aporta el momento. Y eres tú quien establece la relación entre ambos.

No existe un único diccionario capaz de decirnos exactamente qué significa cada símbolo.
Parte de su significado procede de la cultura.
Durante siglos, diferentes sociedades han asociado determinados animales, plantas, colores, elementos o imágenes con ideas concretas.
Otra parte procede de nuestra historia personal.
Un árbol puede representar fuerza para una persona porque le recuerda a su infancia y, para otra, estar relacionado con una pérdida importante.
Jung habló además de arquetipos: patrones e imágenes que aparecen repetidamente en mitos, sueños y relatos humanos y que, según su psicología, están ligados a estructuras profundas de nuestra psique.
Por eso el significado tradicional de un símbolo puede orientarnos.
Pero no debería sustituir una pregunta mucho más importante:
¿qué significa para mí?

dibujo: la sombra de una planta que parece un árbol representando lo que será

Imagina una tormenta.
Para alguien puede representar miedo.
Para otra persona, liberación.
Para otra, cambio.
Para alguien que creció en una zona de sequía puede significar incluso alivio y vida.
Ninguna de esas experiencias puede reducirse completamente a una definición encontrada en un libro.
Los símbolos tienen una historia colectiva, pero también entran en contacto con nuestra propia historia.
Por eso, cuando aparezca uno que te llame especialmente la atención, antes de buscar su significado fuera puedes detenerte un momento y observar qué sucede dentro.
¿Qué siento cuando lo veo?
¿Qué característica suya me llama más la atención?
¿Con qué lo relaciono?
¿En qué momento de mi vida aparece?
Quizá después quieras conocer su significado tradicional, cultural o espiritual.
Pero ya habrás empezado por algo que nadie puede responder mejor que tú.

Buena parte de los símbolos que hemos utilizado durante siglos nacen de la naturaleza.

Desde culturas muy diferentes hemos observado sus características y las hemos utilizado también para hablar de nosotros mismos.


Una semilla puede recordarnos el comienzo de algo.
Las raíces pueden llevarnos hacia nuestros orígenes.
Los ciclos naturales pueden hacernos pensar en nuestros propios momentos de crecimiento, cambio y descanso.
Y cada animal o planta puede despertar asociaciones diferentes según su comportamiento, su historia cultural y nuestra propia experiencia.
Aquí se abre un territorio enorme que iremos explorando poco a poco: los cuatro elementos y su simbolismo, animales y plantas como símbolos, los ciclos de la naturaleza, la intuición, los rituales y nuestra relación con aquello que nos rodea.
No para convertir la naturaleza en un diccionario de respuestas.
Sino para aprender a mirarla también como una fuente de preguntas.

dibujo de un camino con mariposa

Esta es también la forma en que entendemos los símbolos en Radix Nativa.
Un símbolo no necesita decirte qué va a ocurrir.
No necesita predecir tu futuro.
Y tampoco tiene que decidir por ti.
Puede simplemente ayudarte a detenerte y mirar algo desde otro lugar.
Por eso nació Volver al Origen.
Cada carta pone delante de ti un elemento de la naturaleza y una posible lectura simbólica.
Puede aparecer una planta.
Un animal.
Un paisaje.
Una fuerza natural.
Quizá la carta que salga te resulte inmediatamente cercana.
Quizá al principio no entiendas qué relación tiene contigo.
En ambos casos puedes detenerte y preguntarte:
¿Por qué este símbolo ha aparecido hoy delante de mí y qué despierta en mí cuando lo observo?
Puedes llamarlo azar.
Puedes llamarlo sincronicidad.
Puedes vivirlo como una de esas señales que aparecen inesperadamente en nuestra vida.
La carta no necesita darte una respuesta cerrada.
Su función puede ser mucho más sencilla:
ayudarte a formular una pregunta que todavía no te habías hecho.


Quizá hoy tenga algo que recordarte.

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