Bienestar integral

A veces sabemos que no estamos bien, pero no sabemos muy bien por qué.

Estamos más cansadas. Dormimos peor. Tenemos menos paciencia. Nos cuesta concentrarnos. Nos apetece menos salir o hacer cosas que normalmente disfrutamos.

Y empezamos a tratar cada problema por separado.

Buscamos algo para dormir mejor. Tomamos más café para combatir el cansancio. Intentamos organizarnos porque estamos dispersas. Nos obligamos a hacer más cosas porque pensamos que nos falta energía.

Pero ¿y si algunas de esas cosas están relacionadas?

Nuestro bienestar físico, mental y emocional no funciona en compartimentos separados. Lo que ocurre en una parte puede terminar influyendo en las demás.

Por eso, antes de intentar arreglar cinco problemas diferentes, a veces merece la pena parar y preguntarnos:

¿Qué empezó primero y qué puede estar alimentando todo lo demás? Para mí, ahí empieza realmente el bienestar integral.

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Cuando se habla de bienestar integral o bienestar holístico suele aparecer la idea de mantener en equilibrio el cuerpo, la mente, las emociones y la parte espiritual.

La idea tiene sentido, siempre que no entendamos el equilibrio como un estado perfecto que tenemos que mantener todo el tiempo.

La vida no funciona así. Habrá épocas en las que nuestro cuerpo necesite más atención. Otras en las que tengamos una preocupación importante. Podemos pasar por una pérdida, una etapa de estrés o un cambio que haga que durante un tiempo estemos más sensibles.

No significa que hayamos perdido el equilibrio. Lo importante es reconocer cuándo una parte empieza a afectar demasiado a las demás.

La salud mental tampoco depende únicamente de lo que pensamos. Factores personales, familiares, sociales y del entorno pueden protegerla o perjudicarla, y lo mismo ocurre con nuestro bienestar general. Por eso yo añadiría una quinta pieza alrededor de cuerpo, mente, emociones y vida espiritual: la vida que estamos viviendo.

Porque a veces el problema no está dentro de nosotras. Está en una situación que estamos sosteniendo.


Imagina que llevas varias semanas preocupada por el trabajo.

Por la noche sigues pensando en lo que ha ocurrido y en lo que tendrás que hacer al día siguiente.

Empiezas a dormir peor. Por la mañana estás agotada y tomas más café para funcionar. Tienes menos paciencia, te cuesta concentrarte y dejas de hacer algunas cosas porque simplemente no tienes energía.

Unas semanas después parece que tienes varios problemas: cansancio, irritabilidad, falta de concentración, mal sueño y pocas ganas de hacer nada.

Pero quizá no empezaron todos a la vez. Hubo una primera pieza. En este caso podría haber sido la preocupación. También puede ocurrir al revés.

Un dolor físico persistente puede impedirnos dormir bien. Dormir mal puede hacernos estar más irritables. Y empezar a preocuparnos por el propio dolor puede añadir todavía más tensión.

Por eso es importante no caer en la idea de que todo síntoma físico viene de la mente.

La relación puede funcionar en las dos direcciones.

agotamiento

Cuando varias cosas empiezan a ir mal a la vez, podemos intentar reconstruir un poco la historia.

No hace falta hacer un análisis complicado.

Piensa en las últimas semanas o meses. ¿Qué cambió primero?

Quizá empezaste a dormir mal después de un problema. Quizá el cansancio apareció antes que el desánimo. Tal vez empezaste a sentirte peor después de dejar de ver a determinadas personas. O llevas meses ocupándote de demasiadas cosas y solamente ahora ha empezado a notarse en el cuerpo.

No siempre encontraremos una única causa. La vida es más complicada que una fila de fichas de dominó. Pero intentar ordenar lo que ocurrió puede ayudarnos a dejar de ver cinco problemas aislados y empezar a reconocer una relación entre ellos.

Podemos utilizar estas cuatro áreas como un mapa muy sencillo.

El cuerpo

Aquí entran el sueño, la energía, el dolor, la alimentación, el movimiento, los cambios hormonales y cualquier otra señal física.

No para diagnosticarnos. Simplemente para preguntarnos cómo está respondiendo nuestro cuerpo últimamente.

  • ¿Duermo bien?
  • ¿Estoy agotada?
  • ¿Hay algún dolor que se repite?
  • ¿Han cambiado mi apetito, mi energía o mi forma de descansar?

Si algo físico persiste o cambia de forma importante, merece una valoración sanitaria y no deberíamos asumir automáticamente que se debe al estrés.

rituales antes de dormir

La mente

Aquí podemos mirar qué está ocupando nuestra cabeza.

  • ¿Hay una preocupación concreta?
  • ¿Estoy resolviendo un problema o llevo días pensando lo mismo sin avanzar?
  • ¿Me cuesta concentrarme?
  • ¿Estoy recibiendo demasiada información?

A veces la mente necesita encontrar una solución. Otras veces necesita simplemente dejar de trabajar durante un rato.

Las emociones

No se trata de tener únicamente emociones agradables.

Podemos estar enfadadas, tristes, preocupadas o decepcionadas y seguir estando emocionalmente sanas.

Lo importante es intentar reconocer qué estamos sintiendo y qué relación puede tener con lo que estamos viviendo.

No es lo mismo decir: “Últimamente estoy fatal”

que darnos cuenta de: “Estoy enfadada porque llevo demasiado tiempo haciéndome cargo de algo que no me corresponde”.

La vida espiritual o interior

Para algunas personas estará relacionada con la religión. Para otras no.

Puede tener que ver con valores, naturaleza, creatividad, sentido, pertenencia, curiosidad, ayudar a otros o sentir que nuestra vida contiene algo más que obligaciones.

Esta parte suele ser más difícil de detectar porque no siempre produce un síntoma claro.

A veces simplemente sentimos: “Todo está más o menos bien, pero me falta algo.”

Y quizá ahí no necesitemos mejorar nuestra dieta ni organizar mejor la agenda. Quizá necesitamos recuperar algo que nos haga ilusión o nos recuerde por qué hacemos todo lo demás.

Podemos tener unos hábitos razonablemente buenos y seguir sintiéndonos mal.

Porque también existen: trabajos que nos desgastan, relaciones difíciles, problemas económicos, cuidados, soledad, responsabilidades excesivas, situaciones familiares que no podemos resolver fácilmente.

Las condiciones en las que vivimos y trabajamos influyen de forma importante en nuestra salud y bienestar.

Esto me parece especialmente importante porque evita convertir el bienestar integral en otro mensaje de:

“si no estás bien, es porque no te estás cuidando suficiente.” No siempre depende de eso.

A veces cuidarnos también significa reconocer que hay algo en nuestra vida que necesita cambiar, compartirse o recibir ayuda.

ir a caminar en la naturaleza

Supongamos que descubrimos que buena parte de nuestro estrés viene del trabajo. Quizá no podemos dejarlo mañana.

Entonces la pregunta no tiene que ser: ¿cómo elimino el problema?

Puede ser: ¿qué parte de este círculo sí puedo tocar ahora?

Tal vez proteger mejor el sueño. Dejar de responder mensajes laborales por la noche. Compartir una responsabilidad. Recuperar una actividad que habíamos abandonado. Pedir ayuda. No solucionará todo.

Pero puede impedir que un problema termine arrastrando cinco partes de nuestra vida. A eso podemos verlo como un punto de palanca: una pequeña parte sobre la que sí tenemos margen y que puede producir efectos en otras.

Este enfoque también puede ayudarnos a evitar soluciones demasiado rápidas.

Estamos cansadas y pensamos que necesitamos un suplemento. Tenemos dolor de cabeza y tomamos algo. Estamos irritables y concluimos que tenemos mal carácter. Nos cuesta concentrarnos y pensamos que necesitamos organizarnos mejor.

Quizá sea así.

Pero también merece la pena mirar qué está pasando alrededor.

  • ¿Llevamos semanas durmiendo poco?
  • ¿Estamos pasando por una etapa de mucho estrés?
  • ¿Ha cambiado nuestra menstruación?
  • ¿Estamos comiendo de manera irregular?
  • ¿Estamos preocupadas por algo?

Y al mismo tiempo, no debemos convertir todo en estrés o emociones.

El cansancio persistente, el dolor recurrente, los cambios importantes en el sueño, el ánimo u otros síntomas pueden tener causas médicas que necesitan valoración. Observar conexiones no significa auto diagnosticarnos.

→ Por si te apetece profundizar en cómo gestionar el estrés cotidiano antes de llegar al límite

pensativa

Esta es quizá la parte más difícil de explicar.

Podemos tener casa, trabajo, salud razonable y personas alrededor. Y aun así sentirnos desconectadas. No necesariamente estamos enfermas.

Puede que hayamos ido dejando atrás muchas cosas que daban sentido a nuestra vida: curiosidad, creatividad, naturaleza, una amistad, un proyecto, fe.

Tiempo para hacer algo simplemente porque nos gusta.

La parte espiritual del bienestar puede aparecer precisamente ahí. No tiene que significar meditar, hacer retiros o seguir ninguna práctica concreta. Puede significar preguntarnos:

  • ¿Hay algo en mi vida que todavía me emociona?
  • ¿Estoy viviendo de acuerdo con lo que realmente valoro?
  • ¿Tengo momentos en los que siento que mi vida es algo más que resolver tareas?

→ En Volver a lo esencial hablamos precisamente de esa parte que podemos ir dejando para después casi sin darnos cuenta.


Cuando varias cosas se mezclan, puede resultar difícil ver por dónde empezar. Por eso hemos preparado una herramienta sencilla para ayudarte a ordenar lo que está ocurriendo

El mapa te permitirá mirar tu cuerpo, tus pensamientos, emociones, vida interior y entorno, y observar las posibles conexiones entre ellos.

No es un test. No pretende decirte que te ocurre ni ofrecer un diagnóstico.

Es simplemente una forma de poner delante lo que normalmente tenemos mezclado en la cabeza y preguntarnos:

¿qué apareció primero?, ¿qué está alimentando a qué?, ¿y dónde podría empezar?

estudio del bienestar integral

No siempre podremos encontrar una explicación clara y tampoco necesitamos hacerlo.

Pero cuando sentimos que algo no va bien, podemos evitar al menos una reacción muy común: empezar inmediatamente a añadir soluciones.

Antes podemos preguntarnos:

  • ¿Qué es lo que realmente me está pesando ahora?
  • ¿Desde cuándo?
  • ¿Qué otras cosas empezaron a cambiar después?
  • ¿Hay algo que pueda modificar?
  • ¿Hay algo que necesito aceptar por ahora?
  • ¿Necesito ayuda?

A veces descubriremos que necesitamos descansar, otras que llevamos demasiado tiempo preocupadas. Quizá haya una situación que necesitamos hablar. Un límite. Una revisión médica. Una relación que hemos descuidado. O simplemente algo que nos hacía bien y que hemos ido dejando desaparecer.

No somos un cuerpo al que hay que alimentar por un lado, una mente que hay que mantener positiva por otro y unas emociones que tenemos que controlar.

Todo ocurre dentro de la misma persona y dentro de una vida concreta.

A veces el cuerpo tira de la mente. Otras veces una preocupación se nota en el cuerpo. Una emoción cambia nuestras decisiones. Una relación nos da fuerzas. Una etapa sin sentido hace que perdamos las ganas de cuidarnos.

Y algo pequeño que empieza a mejorar puede ayudar también a otras partes.

El bienestar integral no consiste en tenerlo todo perfectamente equilibrado. Consiste en aprender a mirar el conjunto y reconocer qué parte necesita más atención en este momento.

Porque algunas veces tenemos muchos problemas diferentes. Pero otras, quizá solo estamos viendo varias partes del mismo problema.

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