Cómo escuchar la intuición y distinguirla del miedo

A veces conoces a alguien y hay algo que no te termina de cuadrar. Tomas una decisión que sobre el papel parece correcta, pero te queda una pequeña incomodidad. O se te ocurre una idea de repente y, aunque todavía no sabes muy bien por qué, sientes que deberías prestarle atención.
A eso solemos llamarlo intuición, corazonada, voz interior o incluso sexto sentido.
Puede parecer algo misterioso, pero también podemos mirarlo de una forma mucho más sencilla. Nuestro cerebro se está preparado para observar, aprender de la experiencia y detectar pequeños detalles sin que siempre seamos conscientes de ello.
Y esto no es algo nuevo.
Durante buena parte de nuestra historia, saber observar bien lo que ocurría alrededor era simplemente parte de la vida.

mujer que observa un rio desde un mirador

Imagina que conoces muy bien un lugar y un día notas que algo es diferente.
Los pájaros están más callados de lo normal. El viento ha cambiado. Hay unas huellas recientes. El cielo tiene un aspecto que ya has visto otras veces antes de una tormenta.
Puede que no analices cada cosa por separado. Simplemente notas que algo no encaja.
Para nuestros antepasados, reconocer este tipo de cambios podía ser importante. Tenían que saber orientarse, encontrar agua, distinguir plantas, observar el comportamiento de los animales, reconocer cambios del tiempo o detectar posibles peligros.
Muchas de esas cosas se aprendían con los años.
Después de haber visto una misma situación muchas veces, el cerebro empieza a reconocer patrones con bastante rapidez. Puede que primero aparezca una sensación y que solo después entendamos qué la provocó.
Una parte de lo que hoy llamamos intuición puede funcionar de esa manera.

Podemos entender la intuición como una impresión o conclusión que aparece sin que hayamos seguido conscientemente todos los pasos para llegar hasta ella.
Nuestro cerebro está procesando continuamente mucha información: expresiones de otras personas, sonidos, recuerdos, experiencias anteriores, sensaciones del cuerpo y pequeños cambios de lo que ocurre a nuestro alrededor.
No somos conscientes de todo.
Por eso, a veces sentimos que algo nos incomoda antes de saber exactamente qué.
No hace falta pensar que hay algo mágico detrás. Pero tampoco significa que esa sensación sea imaginaria.
Puede haber una mezcla de experiencia, memoria, emociones y pequeños detalles que hemos percibido sin darnos cuenta.
Además, la experiencia importa mucho.
Una persona que lleva muchos años navegando puede notar cambios en el mar que para otra pasarían completamente desapercibidos.
Alguien acostumbrado a trabajar con personas puede detectar tensión en una conversación antes de darse cuenta de que ha sido un cambio en el tono de voz, una mirada o una pausa.
Por eso la intuición también se puede afinar aprendiendo a observar mejor.

¿Es la intuición nuestro sexto sentido?

La expresión sexto sentido se utiliza mucho para hablar de esa sensación de saber que algo ocurre sin poder explicar todavía de dónde viene.
En realidad, los seres humanos tenemos más formas de percepción que los cinco sentidos que solemos aprender de pequeños. También percibimos el equilibrio, la posición de nuestro cuerpo o muchas señales internas.
Pero cuando hablamos del sexto sentido normalmente nos referimos a otra cosa: una especie de aviso interior que nos dice que prestemos atención.

escoger entre un camino u otro

La expresión sexto sentido se utiliza mucho para hablar de esa sensación de saber que algo ocurre sin poder explicar todavía de dónde viene.
En realidad, los seres humanos tenemos más formas de percepción que los cinco sentidos que solemos aprender de pequeños. También percibimos el equilibrio, la posición de nuestro cuerpo o muchas señales internas.
Pero cuando hablamos del sexto sentido normalmente nos referimos a otra cosa: una especie de aviso interior que nos dice que prestemos atención.
No hay pruebas científicas sólidas de que exista un sentido paranormal capaz de conocer el futuro o recibir información de una manera inexplicable.
Pero la sensación de tener una corazonada sí es real.
En muchos casos, puede que nuestro cerebro haya recogido varios detalles antes de que nosotros sepamos explicarlos.
Primero sentimos:
“Aquí pasa algo.”
Y después intentamos entender qué hemos visto, oído o percibido.
Visto así, ese supuesto sexto sentido puede ser algo menos misterioso de lo que parece, pero no por ello menos interesante.

También se habla mucho de la intuición femenina, casi como si las mujeres tuvieran un sentido especial que los hombres no poseen.
No hay pruebas de que exista un sexto sentido exclusivo de las mujeres.
Lo que sí han encontrado diferentes investigaciones es que, de media, las mujeres tienden a reconocer algo mejor determinadas señales emocionales y sociales, como expresiones del rostro, tonos de voz o gestos corporales.
La diferencia no significa que todas las mujeres sean más intuitivas que todos los hombres. La realidad nunca es tan sencilla.
Pero puede ayudar a entender por qué algunas personas detectan muy rápido que alguien está incómodo, preocupado o que algo ha cambiado en una conversación.
También hay que tener en cuenta el aprendizaje.
Durante mucho tiempo, muchas mujeres han ocupado papeles en los que tenían que estar muy pendientes de las emociones, las necesidades y las relaciones de las personas que tenían alrededor. Prestar atención continuamente a estas cosas también puede entrenar esa sensibilidad.
Por eso, lo que llamamos intuición femenina puede tener bastante que ver con algo que se ha aprendido a observar durante años.


La intuición no siempre aparece como un pensamiento claro.
A veces la sentimos en el cuerpo.

Un nudo en el estómago, tensión, ganas de alejarnos, una tranquilidad inesperada o una sensación difícil de explicar.
Nuestro cerebro recibe constantemente información de lo que ocurre dentro del cuerpo, y esas señales también influyen en cómo interpretamos una situación.
Pero aquí conviene tener cuidado.
Sentir algo con mucha intensidad no significa automáticamente que sea verdad.
El miedo también se siente en el cuerpo. El estrés puede provocar señales muy fuertes. Una mala experiencia anterior puede hacer que reaccionemos ante una situación nueva que simplemente se parece a ella.
Por eso está bien escuchar lo que sentimos, pero no significa que tengamos que hacerle caso siempre sin comprobar nada más.

Esta es probablemente una de las preguntas más difíciles cuando hablamos de cómo escuchar la intuición.
Y no existe una regla que funcione siempre.
A veces se dice que la intuición es tranquila y que el miedo es ruidoso. Puede ocurrir, pero no siempre.
Una intuición también puede dar miedo si aquello que estamos percibiendo nos preocupa.
Y el miedo puede hacernos sentir completamente seguros de algo que en realidad no está ocurriendo.
Por eso es mejor no intentar decidir demasiado rápido qué estamos sintiendo.

Podemos hacernos algunas preguntas sencillas:
¿Qué sé realmente de esta situación?
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué me da miedo que ocurra?
¿Qué me gustaría que ocurriera?
¿Ha pasado algo concreto que pueda haber provocado esta sensación?
¿Sigo sintiendo lo mismo cuando estoy más tranquila?
Separar estas cosas ayuda bastante.
Muchas veces descubrimos que estábamos mezclando una intuición con miedo, expectativas o deseos.

como saber si es intuición o miedo?

Aquí es donde la relación entre naturaleza e intuición tiene bastante sentido.
No porque el bosque vaya a darnos una respuesta ni porque el mar sepa lo que tenemos que hacer.
Pero cuando salimos de parte del ruido cotidiano resulta más fácil notar lo que pensamos y sentimos.
Si caminamos sin mirar el teléfono continuamente, nos sentamos un rato junto al mar o pasamos tiempo en un bosque sin buscar entretenimiento, nuestra atención cambia.

Empezamos a notar cosas pequeñas: el viento, la temperatura, los sonidos, la respiración, el cuerpo.
Y a veces también aparecen pensamientos que llevaban tiempo ahí, pero a los que no habíamos prestado demasiada atención.
Por eso los baños de bosque pueden conectar también con este tema. No porque nos hagan más intuitivos de repente, sino porque nos ofrecen un tiempo en el que hay menos estímulos compitiendo por nuestra atención.
A veces salimos a la naturaleza buscando una señal y terminamos encontrando algo mucho más sencillo: un poco de silencio para escuchar lo que ya estábamos pensando.

la naturaleza que nos ayuda a escuchar sin ruido

A veces una coincidencia, una palabra o un símbolo nos llama especialmente la atención porque conecta con algo que estamos viviendo en ese momento.
La intuición puede ser precisamente esa sensación que hace que nos detengamos y nos preguntemos: ¿por qué esto me ha llamado tanto la atención justo ahora?
Si te interesa profundizar en este tema, puedes leer también

Escuchar nuestra intuición no significa pensar que siempre tiene razón.
Un prejuicio puede sentirse como una certeza. El miedo puede parecernos prudencia. Y cuando deseamos mucho algo, es fácil interpretar como señal aquello que confirma lo que queremos creer.
También podemos reaccionar ante una situación actual por algo que nos ocurrió en el pasado.
Por eso, aprender a escuchar la intuición no consiste solamente en confiar más en ella. También implica saber cuándo conviene parar y comprobar lo que estamos sintiendo.
Si algo te incomoda, puedes prestar más atención.
Si una persona no te inspira confianza, puedes intentar ver qué está provocando esa sensación.
Y si tienes que tomar una decisión importante, a veces ayuda escribir lo que sientes, dejar pasar un poco de tiempo y volver a pensarlo después.
No hace falta ignorar una corazonada, pero tampoco convertirla inmediatamente en una verdad.

No hace falta hacer nada complicado.
Puede bastar con crear algún momento en el que haya menos ruido: salir a caminar sin auriculares, guardar el teléfono durante un rato o sentarte unos minutos en un lugar tranquilo.

Si hay algo que llevas tiempo pensando, prueba a escribir cuatro cosas:
Lo que sé.
Lo que siento.
Lo que temo.
Lo que deseo.
Muchas veces están mezcladas.

Cuando las separamos, resulta más fácil ver qué pertenece a los hechos, qué es una emoción y qué tiene que ver con lo que esperamos que ocurra.
Después puedes preguntarte:
¿Qué sigue ahí cuando separo todo lo demás?

ponerse en contacto con uno mismo escribiendo para tener las cosas mas claras

Puede que aparezca una idea más clara. O puede que te des cuenta de que todavía no sabes qué hacer.


Durante gran parte de nuestra historia, observar lo que ocurría alrededor no era una actividad especial. Era parte de la vida.
Había que mirar el cielo, reconocer sonidos, recordar caminos, conocer las plantas del lugar, observar a los animales y aprender cómo cambiaba el entorno a lo largo del año.
Hoy muchas de esas cosas ya no son necesarias de la misma manera, pero quizá sí podamos recuperar una costumbre mucho más sencilla: prestar atención a :
Lo que ocurre alrededor.
Cómo reacciona nuestro cuerpo.
Una sensación que aparece varias veces.
Una idea que sigue volviendo.
Algo que no nos termina de cuadrar.
Aprender a escuchar la intuición no tiene por qué significar desarrollar un don especial.
Puede ser simplemente volver a observar mejor, conocernos un poco más y aprender a reconocer cuándo una sensación merece que nos paremos a mirarla.

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